Educación emprendedora desde la infancia

Educación en emprendimiento desde la infancia

Mediante una educación emprendedora desde edades tempranas se fomenta la creatividad, la iniciativa y el espíritu crítico. No debe enfocarse como mera solución a las crisis, sino que es una forma de abordar la vida, facilitando la detección de oportunidades, la generación de alternativas y la toma de decisiones.


6 abril 2021

¿Alguien se acuerda de la lista de los reyes godos? Si no te acuerdas, seguro que no tienes suficiente edad para recordar que hace tiempo la enseñanza se centraba en la memorización.

Más allá de debates ideológicos sobre la educación, que los hay, cabe reflexionar sobre los tipos de contenidos, la forma de presentarlos a los alumnos y la necesidad de fomentar una educación emprendedora acorde a las necesidades de desarrollo de capacidades que exigirá la nueva realidad económica y social.

Orientación de la enseñanza

Las pedagogías modernas cada vez se orientan más a enseñar a aplicar los conocimientos que se adquieren de manera rápida y práctica y no a aprender conceptos estancos de memoria como la lista de los reyes godos.

No obstante, la creatividad o la capacidad para tomar decisiones se han de sustentar sobre la base de conocimientos adquiridos, no sobre el vacío. Es decir, también hay que dedicar tiempo y esfuerzo a las materias, para así tener una base y suficientes elementos de juicio para decidir o a partir de lo cual crear.

En todo caso, parece evidente que el sistema educativo ideal es aquel que es capaz de desarrollar las capacidades de los alumnos y que despierte su sentido crítico y creativo.

Muchos niños de ahora, seguramente, trabajen en profesiones que aún ni siquiera existan. La experimentación les ayudará a desarrollar esas capacidades necesarias para resolver las dificultades con las que se encuentren.

Encauzar capacidades emprendedoras desde niños

Los niños exploran, experimentan… Sus mentes más abiertas hacen que sean inquietos e inconformistas por naturaleza.

Estimular a los alumnos desde edades tempranas en el aprendizaje del emprendimiento es ideal debido a que, por su naturaleza, llevan dentro un pequeño emprendedor.

Por tanto, las claves pasan por encauzar ese inconformismo y esa creatividad innata y por enseñar a nuestros hijos a generar alternativas.

Mediante la estimulación de actitudes emprendedoras se conseguirá que sean capaces de detectar oportunidades para el cambio, de aprender a equivocarse y de encontrar sus propias respuestas.

Además de evitar inhibir su iniciativa, es necesario dotarles de la base y darles las herramientas para que sean independientes y reflexionen. A través de estos instrumentos se les facilitará emprender, innovar o tomar decisiones trascendentes en su futura trayectoria profesional o empresarial.

Necesidad de una cultura emprendedora

La cultura emprendedora es una cultura de la posibilidad, donde se busca probar cosas diferentes y encontrar oportunidades. Evidentemente se debe enmarcar en un contexto de educación en valores y de responsabilidad social.

Tradicionalmente se ha educado para encontrar un trabajo por cuenta ajena. Sin embargo, este enfoque cada vez se cuestiona más para evolucionar conforme a unas realidades y a unas nuevas necesidades sociales y económicas.

Esta inclinación hacia una cultura emprendedora debería también estar alineada con un cambio cultural donde no se estigmatice al que tropieza. En la sociedad actual es muy grande la aversión al riesgo, debido en gran medida a sistemas educativos donde no se admite el error y se limita la experimentación. Forma aún parte de nuestra cultura el pánico al fracaso, el creer que sólo se tiene una oportunidad, además del miedo a la crueldad de una sociedad que, si no lo logras a la primera, te ‘pondrá la cruz’ en lugar de valorar la experiencia para futuros proyectos y animarte a intentarlo de nuevo.

Todavía forma parte de nuestra cultura medir el éxito en términos de dinero y posición laboral exclusivamente, en lugar de tiempo libre, gustarte lo que haces, salud física y mental, además de dinero y posición.

Trabajar las competencias desde edades tempranas

El término emprender se lleva utilizando en exceso como remedio a las crisis. Está claro que es una alternativa al duro mercado laboral, pero educar en emprendimiento desde la infancia es una forma de abordar la vida. Educar en capacidades emprendedoras no quiere decir que tras finalizar los estudios los alumnos tengan que poner en marcha un negocio. Se trata de una educación que facilite la iniciativa, la generación de opciones, la creatividad, la toma de decisiones útiles en caso de dificultades y la asunción de la responsabilidad de los propios actos.

Se trata de capacidades y habilidades que son beneficiosas para el desarrollo integral del niño y de su relación con su entorno.

La educación en competencias emprendedoras también debe formar parte del cambio cultural. Contribuirá a que alumnos se conviertan en agentes del cambio social y a lograr una futura ciudadanía más activa y participativa. De hecho, muchas ideas que proponen los niños se relacionan con ayudar a los demás o mejorar el entorno.

Los componentes de la competencia emprendedora pueden trabajarse desde edades muy tempranas. Una edad orientativa para comenzar son los 10 años. La infancia y la adolescencia son etapas vitales en el desarrollo de las personas.

Lo ideal es que la educación sea interactiva y personalizada. Es decir, sean los alumnos partes activas de las clases, consiguiendo así incrementar la atención y la motivación, y donde cada alumno lleve su ritmo de aprendizaje. Para ello, además de metodologías y herramientas específicas, es necesario que el formador pase a ejercer un rol de guía y orientador.