El emprendimiento como movimiento social

Las circunstancias adversas han hecho saltar por los aires nuestra zona de confort. A partir de ahora, más que como alternativa, el emprendimiento se planteará como una necesidad, por lo que éste puede convertirse en un movimiento social por necesidad. No hay nada más social que autoemplearse para sobrevivir. Pero este reto hará necesarios: una concienciación hacia una cultura emprendedora, formación y contar con asesoramiento técnico que encauce la viabilidad del proyecto.

emprendimiento como movimiento social

Madrid, 12 mayo 2020

Tanto la propia emergencia sanitaria, como las consecuentes medidas extraordinarias de confinamiento y parálisis económica, han hecho saltar por los aires la zona de confort de muchas personas.

Hasta ahora se hablaba en general del emprendimiento como algo propio de jóvenes con iniciativas que, por vocación, traían ideas frescas.

Sin embargo, tal se augura el desastre económico y social que el emprendimiento, y especialmente el autoempleo, a partir de ahora se planteará, más que como alternativa, como una necesidad. El emprendimiento puede estar llamado a ser un movimiento social por necesidad, sin importar edad, sexo, formación académica o nacionalidad.

Antes de este golpe económico ya cobraba relevancia y se enfatizaba en la denominada economía social y en el emprendimiento social, es decir, en las iniciativas centradas en priorizar el beneficio hacia las personas y sociedad en general. No obstante, tras las secuelas que dejará esta crisis, no habrá nada más social que generarse uno mismo su propio puesto de trabajo para sobrevivir, es decir, autoemplearse ante las condiciones adversas. Puede incluso resultar paradójico el pasar de hablar de emprendimiento social como movimiento, a emprendimiento como movimiento social.

Debido a las consecuencias que dejará la crisis, el emprendimiento se presupone como una vía necesaria para reactivar de nuevo la economía. Esto supone un desafío por parte de los diversos agentes económicos y sociales, así como de las administraciones, que deben facilitar un marco propicio.

El problema se encuentra no sólo en la falta de cultura emprendedora de la que adolece España en comparación con otros países de nuestro entorno, sino también en la falta de formación, en muchas ocasiones, sobre gestión empresarial. Este factor es crítico, pues muchos emprendedores lanzan sus iniciativas en los sectores que ya conocen por haber desarrollado ahí su actividad profesional, pero carecen de la necesaria preparación comercial y financiera que apuntale la viabilidad de su proyecto emprendedor.

Para este reto masivo se hacen por tanto necesarios:

1- La concienciación en favor de una cultura emprendedora que haga valorar alternativas como el autoempleo ante la falta de oportunidades laborales.

2- La formación en gestión empresarial que complemente los conocimientos y experiencia en el sector.

3- Contar con un asesoramiento técnico que permita diagnosticar problemas, encauzar el proyecto e incluso tutelar un plan de negocio que se antojará esencial para analizar la viabilidad de todo negocio antes de ponerlo en marcha.