Emprende un proyecto autoarrancable (sin apenas inversión)

Emprende un proyecto autoarrancable (sin apenas inversión)

No disponer de dinero no es excusa para no emprender. Aventurarse en un proyecto de escasa inversión está vinculado al autoempleo, sin embargo, cualquier iniciativa se puede hacer crecer. Elegir negocios que no requieran inversión o plantear el proyecto por fases que vayan financiando las siguientes, son opciones válidas para comenzar un negocio autoarrancable y no depender del dinero para poner en marcha nuestra empresa.


25 mayo 2022

Expresar que no se puede poner en marcha nuestro propio negocio por no disponer de dinero es en ocasiones la excusa más recurrida al miedo a emprender. Sin embargo, se pueden elegir actividades que apenas requieran inversión o planteamientos que atenúen la aversión al riesgo que una inversión suponga. Si estamos convencidos de que queremos perseguir nuestros sueños, no disponer de dinero no tiene por qué ser el impedimento.

Evidentemente no es posible poner en marcha una empresa a coste cero, sin absolutamente nada de dinero. También es temerario arrancar un negocio sin ningún tipo de ahorro ni liquidez suficiente. Pero sí que se pueden barajar opciones para arrancarlo sin apenas desembolso de dinero.

Aparte de convencer a inversores externos para que pongan el dinero (y depender de ellos), la alternativa es montar un negocio autoarrancable y no depender del dinero para emprender.

A su vez, dentro de aventurarse en un proyecto autoarrancable, existen las opciones bien de elegir un negocio de escasa o nula  inversión, bien de replantear en varias fases un negocio para lograr que cada fase vaya autofinanciando la inversión de la siguiente y así ir escalando.

Negocios que no requieren apenas inversión

Una opción muy asequible es el autoempleo, es decir, crearnos nuestro propio puesto de trabajo, en ámbitos que no requieran apenas inversión.

Conviene reseñar que elegir un negocio o actividad que no requiera inversión tiene dos condicionantes clave. Por un lado, tiene que consistir en algo que, como emprendedor, nos entusiasme. Ya lo dijo Confucio: “Escoge un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”. Por otro lado, el objetivo es que con el negocio ganemos dinero. No se monta una empresa sólo para disfrutar de un hobby.

Algunos ejemplos de negocios que no requieren apenas inversión pueden ser:

  • Agencia de marketing digital y edición de video.
  • Servicios de traducción.
  • Gestor financiero.
  • Consultor informático.
  • Asistencia personal (entrenador personal, personal shopper, etc.)

Ir autofinanciando las inversiones

Pero si nuestra pasión se corresponde con un proyecto que requiere cierta inversión, existe la posibilidad de replantear el proyecto en varias fases, de modo que los beneficios obtenidos en cada una de ellas financien las inversiones necesarias de las siguientes fases.

El principal inconveniente se encuentra en el mayor tiempo para alcanzar el objetivo final perseguido, no sin antes haber incluso podido pivotar durante el camino. Es decir, se requiere de paciencia durante un periodo transitorio para limitar el riesgo. No hay que olvidar que limitar el riesgo implica limitar también el potencial de crecimiento en el corto plazo. Riesgo y rentabilidad son las dos caras de la misma moneda.

Ejemplos de proyectos que requieren inversión y que se pueden alcanzar planteando fases previas sin apenas financiación son:

  • Academia de idiomas, por ejemplo, empezando a dar clases particulares, a grupos de trabajadores en sus centros de trabajo o alquilando aulas por horas. La inercia de la necesidad nos podrá llevar con el tiempo a alquilar un local de referencia, pero sin perder las ventajas de la flexibilidad inicial.
  • Restaurante, por ejemplo, comenzando a ofrecer comida casera a domicilio, alquilando un pequeño local o cocina adecuados a la normativa y acondicionado “para llevar”; o incluso como chef personal a domicilio.

Sin embargo, no todos los negocios son susceptibles de admitir esta fórmula. No serían compatibles los proyectos tecnológicos ni los de alta inversión, aunque sean sectores tradicionales. Así, una fábrica de cerveza artesanal o una residencia de mayores requerirán desde un principio una estructura necesaria para desarrollar la actividad. Tampoco una startup o negocio altamente tecnológico soportarían una espera incompatible con la obsolescencia técnica y competitividad del mercado.

Limitar el riesgo

Sin duda, la reducción de inversiones iniciales y el control de costes son aspectos esenciales para limitar nuestros riesgos. Antes de lanzarnos al negocio es imprescindible realizar un plan de negocio. Hacer números servirá para hacernos una idea más realista de las implicaciones económicas del proyecto y de cuánto necesitaremos facturar para empezar a obtener beneficios y alcanzar así nuestro punto de equilibrio.

Uno de los aspectos críticos para hacer que un negocio sea autoarrancable reside en lograr variabilizar los costes lo más posible.

Aunque cada negocio dispone de su modelo y peculiaridades, dos de los conceptos que más suelen pesar en la estructura de costes de las empresas son el espacio de trabajo y los salarios. Habrá que tomar decisiones estratégicas. Si nuestra decisión fuera arrancar limitando el riesgo (y asumir limitar también el crecimiento a corto plazo), habría que plantearse alternativas a establecerse en un local fijo y a contratar. También se puede plantear variabilizar casi cualquier tipo de costes.

Al fin y al cabo, se trata de externalizar funciones y actividades que no sean claves en nuestro negocio o cuyo control no sea esencial. Como ejemplos: en lugar de contratar un contable, subcontratar los servicios de un gestor externo; en lugar de comprar un vehículo, alquilarlo; o en lugar de contratar el alquiler de un local por varios años, alojarse en una oficina de un centro de negocios, incluso en coworking, siempre que ello sea posible por nuestra actividad.

De este modo nos aseguramos que asumiremos gastos sólo cuando tengamos actividad. En caso de que no nos vaya tan bien como esperábamos, y apenas tengamos actividad, tampoco habremos perdido dinero o recursos, habiendo, por tanto, limitado el riesgo.

Hacer uso de ayudas, recursos gratuitos y otros apoyos institucionales

No son desdeñables las ayudas por parte de las administraciones públicas, ya sean en forma de subvenciones económicas o de cualquier tipo de apoyo. Pueden suponer un impulso para nuestro negocio, cuando menos, un sustento para el comienzo del camino.

Habrá que valorar si nos podemos apoyar en alguno o varios de los siguientes recursos:

  • Subvenciones: a la hora de hacer las previsiones, no debemos contar con ellas ni mucho menos vincular la viabilidad del proyecto a la concesión de las mismas, pero no dejemos pasar la oportunidad de solicitarlas si cumplimos los requisitos.
  • Capitalización y compatibilización del desempleo, utilizando nuestros propios recursos de las prestaciones para poner en marcha nuestro propio negocio.
  • Coworkings públicos: existen espacios de trabajo compartido gratuitos, así como otros locales, oficinas y recursos a precios públicos asequibles puestos a disposición por corporaciones municipales, cámaras de comercio u otros organismos públicos.
  • Formación: existen multitud de recursos formativos gratuitos; Fundae, a través de la gestión de fondos públicos, facilita el acceso a la oferta formativa.
  • Asesoramiento: muchas administraciones ponen a disposición de emprendedores servicios de orientación. Una visión objetiva de nuestro proyecto y sabios consejos suelen ser de muy valiosa ayuda.

Comenzar como autoempleo e ir creciendo

En conclusión, no disponer de grandes ahorros no es pretexto para no montar nuestro negocio.

Emprender negocios sin apenas inversión está vinculado al autoempleo, sin embargo, cualquier iniciativa se puede hacer crecer y escalar a un gran proyecto empresarial.

Podemos comenzar con nuestro propio trabajo, aunque nadie nos lo pague e implique un coste de oportunidad, para ir paulatinamente creciendo y consolidando nuestro negocio.